Columna escrita por Ayelen Tito Mejía. Estudiante de noveno ciclo de Ciencia Polítca de la UNMSM y voluntaria del Área de Publicaciones SVRED.
La juventud como categoría ha sido frecuentemente asociada a valores como la rebeldía, la justicia social y el “progresismo”. Sin embargo, dicha categoría responde a un contexto histórico específico de reorganización económica, política y cultural que se remonta a mediados del siglo XX (Reguillo, 2012). En ese sentido, la juventud constituye un espacio de disputa para la configuración de nuevos sentidos políticos, ya sean progresistas, reaccionarios o de otra índole.
En América Latina, la progresiva ampliación de los derechos de las mujeres y diversidades sexuales desde la década de 1990 impulsó una mayor movilización del movimiento conservador y fortaleció el posicionamiento de su agenda en el espacio público. Esta agenda se enmarca en una continuidad del movimiento de oposición a las demandas feministas y LGBTQ+, conformado principalmente por actores religiosos de la iglesia católica, evangélica, organizaciones “pro-vida”, entre otros (Morán-Faúndes, 2023). En la actualidad, los jóvenes ocupan un lugar central dentro del activismo conservador, desplegando estrategias de movilización renovadas en espacios como las universidades y plataformas digitales.
Cuando el activismo conservador llega a las redes sociales
En este contexto, resulta pertinente comprender el rol de los jóvenes en el ciberactivismo conservador. Particularmente, este concepto hace referencia a las estrategias de movilización desplegadas en redes sociales, mediante la reafirmación de los valores conservadores, la elaboración de contradiscursos y la apropiación de sentidos asociados con el progresismo (Sgró-Ruata, 2021). En los últimos años, el movimiento neoconservador ha recurrido al ciberactivismo para difundir sus demandas y amplificar su discurso entre los jóvenes, apelando a la emotividad, el miedo, la épica y rebeldía.
Dos organizaciones para entender el caso peruano
El caso peruano no es la excepción. De hecho, a partir del ensayo de Gil-Piedra (2024), podemos identificar dos colectivos juveniles vinculados a la agenda conservadora que resultan representativos:
Jóvenes Patriotas
Esta organización juvenil de tendencia conservadora se originó en el seno de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, disputando un espacio históricamente asociado a la izquierda política. Como señala Gil-Piedra (2024), esta organización emplea el uso de las redes sociales, principalmente Instagram, como estrategia de movilización política. Además articula una agenda ideológica basada en la defensa del libre mercado, valores religiosos y un posicionamiento antifeminista y en contra de la llamada “ideología de género”.
Asimismo, desarrollan una narrativa en la que se sitúan como víctimas de la intolerancia y apelan a la defensa de la libertad de pensamiento. En esta estrategia, la plataforma digital conservadora ILAD Media ha resultado una aliada para fortalecer su narrativa en torno a una supuesta “hegemonía progresista” en el Perú (Gil-Piedra, 2024).
Essentia PUCP
Essentia PUCP es un colectivo de jóvenes universitarios de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) que se presenta a sí mismo como una alternativa disidente a un entorno universitario percibido como mayoritariamente progresista. Su estrategia comunicacional se articula alrededor de una agenda moral y política que aborda temas como el aborto, feminismo, derechos LGBTQ+, pero también al conflicto armado interno y el papel de las Fuerzas Armadas (Gil-Piedra, 2024).
Al igual que Jóvenes Patriotas, los jóvenes de Essentia PUCP emplean predominantemente Instagram para construir una identidad y subjetividad política reconocible dentro del movimiento conservador nacional. Además, mantienen vínculos activos con otros colectivos de jóvenes conservadores y también la plataforma de ILAD Media, siendo representativo su programa Prolíderes, del cual egresaron diversos integrantes de la organización. Este aspecto evidencia otro elemento importante del ciberactivismo conservadorentre los jóvenes: la formación de nuevos líderes mediante la preparación ideológica y la profesionalización política (Gil-Piedra, 2024).
Lo que está en juego en el espacio digital
En conjunto, ambas organizaciones resultan representativas del ciberactivismo conservador juvenil y comparten una agenda común orientada a la defensa de los valores conservadores y la afirmación de una identidad colectiva de carácter político, moral y religioso. Su actividad muestra cómo la disputa de la supuesta “hegemonía progresista”, tanto en las redes sociales como en el espacio universitario, responde a un proyecto político de largo alcance que busca incidir en el debate público.
Asimismo, resulta necesario atender con detenimiento el despliegue de los discursos de odio, las prácticas de doxeo y otras formas de violencia digital promovidas por estas organizaciones, puesto que revelan la no neutralidad de las nuevas tecnologías en la amplificación de discursos que atentan contra nuestros derechos.
Referencias bibliográficas
Gil-Piedra, R. (2024). Nuevas juventudes, viejos valores: trazos conservadores en el Perú contemporáneo. Simbiótica. Revista Eletrônica, 12(3), 148–169. https://doi.org/10.47456/simbitica.v12i3.49948
Morán-Faúndes, J. (2023). ¿Cómo cautiva a la juventud el neoconservadurismo? Rebeldía, formación e influencers de extrema derecha en Latinoamérica. Methaodos. Revista de Ciencias Sociales, 11(1), 9–24.
Reguillo Cruz, R. (2012). Culturas juveniles: Formas políticas del desencanto. Siglo XXI Editores.
Sgró Ruata, M. C. (2021). Sexualidad, activismo conservador y redes socio-digitales, Virtualis, 12(23), 67-94. https://doi.org/10.46530/virtualis.v12i23.384